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Nació en el seno de una familia pudiente y conservadora de Zafra, “aristócrata, de derechas y del bando nacional” en sus propias palabras. Su padre, Antonio Chacón, fue alcalde de Zafra durante la dictadura de Franco y también persona ilustrada con inquietudes literarias, puesto que escribía (con el seudónimo “Hache”) y leía poesía a su familia, lo que despertó la vocación literaria de la joven Dulce.

Cuando ella contaba sólo con 11 años de edad, su padre murió. Un año más tarde, su madre, María Gutiérrez, se fue a vivir con toda la familia a Madrid, donde viviría desde entonces. Dulce e Inma, su hermana gemela, fueron a estudiar a un internado. Fue allí donde Dulce comenzó a escribir poesía, en un esfuerzo por evadirse de las difíciles circunstancias personales que estaba viviendo. De las lecturas de su adolescencia, fueron los poetas Celan, Rilke, César Vallejo y José Ángel Valente los que dejaron mayor huella en su estilo poético. Otras influencias posteriores fueron Félix Grande, en la poesía, y Julio Llamazares, Luis Landero yJosé Saramago en la narrativa (a estos dos últimos, así como a la mujer de Saramago, Pilar del Río, le unía una gran amistad).

Aunque comenzó a escribir muy pronto, no publicó su primer libro, el poemario Querrán ponerle nombre, hasta 1992. Le seguirían otras dos obras poéticas, Las palabras de la piedra (1993) y Contra el desprestigio de la altura (1995). Por esta última ganó su primer premio, el Ciudad de Irún. A continuación se adentró en el terreno de la novela. En 1996 publicó Algún amor que no mate, sobre una mujer maltratada por su marido. José Saramago la calificó de “dura pero necesaria”. Un año después publicó su segunda novela, Blanca vuela mañana. 1998 fue un año de mucha intensidad: publicó Matadora, una biografía de Cristina Sánchez, la primera mujer torero española; estrenó su primera obra teatral, Segunda mano; y publicó su tercera novela, Háblame, musa, de aquel varón. En esta, retoma alguno de los temas de Algún amor que no mate, como es la violencia de género, abordando también otras formas de intolerancia, como la xenofobia. Con Háblame, Chacón cerraba una trilogía sobre la incomunicación en la pareja. A continuación vino un nuevo poemario, Matar al ángel (1999) y ese mismo año Cielos de barro, una novela coral ambientada en la Extremadura de la posguerra que Chacón presentó a la edición de 2000 del premio Azorín bajo el seudónimo “Hache”. La novela, que obtuvo el galardón, estaba dedicada a Antonio Chacón, el padre de Dulce. El título fue un “regalo” del escritor Julio Llamazares.

Su siguiente novela fue La voz dormida, publicada en 2002. Chacón tardó cuatro años en completarla, habiendo comenzado a reunir material incluso antes de la publicación deMatar al ángel y Cielos de barro. En ella, Dulce Chacón continuó abordando los difíciles años de la posguerra, novelando los testimonios, recogidos en entrevistas por toda España, de mujeres víctimas de la represión franquista durante los años cuarenta. La novela obtuvo el premio Libro del Año 2003, otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid. En 2002, se estrenó la adaptación teatral de Algún amor que no mate, realizada por la propia Chacón. Dirigió la adaptación Eduardo Vasco. En 2003 publicó otro poemario, Cuatro gotas.

La carrera de Dulce Chacón la truncó su prematura muerte. Falleció el 3 de diciembre de 2003, víctima de un cáncer de páncreas. Sus cenizas fueron depositadas en su localidad natal, junto a los restos mortales de su padre, Antonio Chacón. Parte de sus cenizas fueron esparcidas en las montañas de El Torno, un pequeño pueblo del Valle del Jerte (Cáceres). Dejaba marido, dos hijas y un hijo.